Guía de vinos para principiantes: cómo empezar a disfrutar sin complicarse

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Hay algo que ocurre a menudo cuando alguien se acerca por primera vez al vino.

No es falta de interés. Es justo lo contrario.

Es curiosidad… mezclada con cierta inseguridad.

Las etiquetas parecen hablar otro idioma, las recomendaciones suenan demasiado técnicas y, en algún momento, aparece esa sensación de no saber muy bien si uno está eligiendo bien o no.

Pero lo cierto es que el vino no empieza ahí.

El vino empieza en algo mucho más sencillo.

Empieza en una mesa. En una conversación. En un momento que apetece alargar.

Y, a partir de ahí, todo lo demás sobra un poco.

Por qué el lenguaje del vino no debería asustarte

Uno de los mayores obstáculos cuando se empieza es el lenguaje.

Denominaciones, variedades, crianzas, notas de cata… todo parece importante, todo parece necesario. Como si hubiera que entenderlo todo antes de poder disfrutar.

Pero no es así.

Puedes abrir una botella, servirla en una copa y disfrutarla sin saber explicarla.

De hecho, muchas veces ocurre algo curioso: cuanto más se intenta entender el vino desde lo técnico, más se aleja uno de lo esencial.

Porque el vino no es un examen. No tienes que describirlo bien. No tienes que acertar.

Solo tienes que sentir si te gusta o no.

Los errores más comunes al empezar con el vino

También pasa que, al empezar, buscamos certezas donde no las hay.

Elegimos por precio, pensando que más caro será mejor. Nos dejamos llevar por opiniones de expertos, como si hubiese una respuesta correcta. Intentamos beber vinos «complejos» demasiado pronto.

Y eso, en lugar de ayudar, complica.

Porque el vino no va de impresionar. Va de descubrir.

De ir entendiendo poco a poco qué encaja contigo y qué no. Sin prisa.

como empezar a beber vino

Tres ideas que cambian la forma de ver el vino

Hay tres ideas que, cuando se entienden, lo cambian todo.

  • La primera es que no necesitas saber de vino para disfrutarlo.
  • La segunda, que tu opinión es la única que realmente importa.
  • Y la tercera, que el contexto lo es todo. Un mismo vino puede saber completamente distinto según el momento, la comida o la compañía.

Y eso no es un problema. Es precisamente lo bonito.

Cómo elegir tu primer vino: consejos prácticos

Si tuviera que dar un consejo a alguien que empieza, sería sencillo.

Empieza por vinos fáciles de beber. Vinos que no te obliguen a pensar demasiado, que entren bien, que te apetezca terminar la copa. A partir de ahí, ya habrá tiempo de profundizar.

Una forma interesante de hacerlo es comenzar con vinos de una sola uva. No porque sean mejores, sino porque ayudan a entender qué estás bebiendo.

Luego están los pequeños detalles que, sin hacer ruido, cambian mucho la experiencia.

La temperatura, por ejemplo. Un vino demasiado caliente pierde frescura. Uno demasiado frío se cierra. No hace falta ser exacto, pero sí prestar un poco de atención.

La copa también importa, aunque menos de lo que a veces parece. No necesitas una copa distinta para cada vino, pero sí una copa limpia, sin olores, sin restos.

Y hay un gesto muy sencillo que funciona muy bien si vamos a catar diferentes vinos: envinar la copa. Servir un poco del nuevo vino, moverlo y desecharlo antes de volver a llenar la copa.

A partir de ahí, empieza el juego. Puedes oler el vino en reposo, mover la copa y volver a oler, notar cómo cambia, probar un pequeño sorbo y desplazar el vino por las diferentes papilas gustativas, contrastar entre olfato y gusto. Porque el vino no es algo estático. Cambia con el aire, con el tiempo. Y observar eso, sin necesidad de ponerle nombre, ya es aprender y, sin darte cuenta estas formando tu criterio personal.

Qué vinos probar si estás empezando

Empezar por blancos o espumosos suele ser más fácil, ya que son más directos, más frescos y permiten entender mejor las sensaciones desde el primer momento. A partir de ahí, puedes ir avanzando poco a poco hacia otros estilos.

Sentif XXII

Accesible, fresco y muy fácil de beber. Perfecto para empezar sin complicarse.

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Polvorete Godello

Equilibrado y expresivo, con una forma de enganchar desde el primer sorbo.

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Raventós i Blanc Reserva de la Finca

Fresco, gastronómico y muy versátil. Ideal para descubrir que las burbujas no son solo para celebraciones.

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Alodia Clarete

A medio camino entre tinto y blanco. Fresco, versátil y muy fácil de entender.

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Palito V — Ribera del Duero

Directo y fácil de entender. De los que invitan a seguir bebiendo sin darle vueltas.

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Valdovinos Berda Syrah

Frutal, amable y con carácter. Un vino que entra fácil pero deja huella.

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Ultreia Mencía

Ligero y fresco. Ideal para descubrir tintos diferentes y más delicados.

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Al final, todo es mucho más sencillo de lo que parece.

El vino no va de saber más. Va de perder el miedo.

De abrir una botella sin pensar demasiado si es la correcta. De compartirla. De equivocarse y volver a probar.

Y si en algún momento necesitas orientación, estamos aquí, puedes escribirnos y estaremos encantados de ayudarte. Porque elegir vino no debería ser complicado. Debería ser parte del disfrute.

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